La pregunta surge a partir de la tan frecuente expresión “creación de públicos”, habitualmente presentada como la panacea ante la aparentemente catastrófica situación de la cultura en general y, por lo que nos ocupa, de las artes escénicas en particular.

Crear públicos puede verse, por una parte, como la incorporación de nuevos consumidores a las actividades culturales o, por otra, como la obtención de un mayor compromiso por parte de quienes consumen estos productos con las obras y los creadores, estrechando así la relación entre ambas partes.

La asistencia a un espectáculo es, en nuestra sociedad, una actividad de ocio y por tanto el espectador se enfrenta ante una elección: consumir o no consumir y además qué consumir ante un abanico enorme de posibilidades. Como en el resto de actividades de consumo, hay una ley básica que las regula: la de la oferta y la demanda. Tendremos que analizar, en primer lugar, qué oferta y qué demanda tenemos. Nos quejamos de que las salas de los teatros están vacías pero… ¿todas? Hay ciertos espectáculos que llenan siempre el aforo, no importa a qué precio se vendan las entradas ni qué tiempo haga ni qué partido de fútbol se juegue ese día. Si la conclusión fuera que la asistencia a espectáculos responde a unas cifras razonables, lo que pretenderíamos no sería crear públicos –el público está ahí- sino diversificarlo en cuanto a los productos que consume para hacer que llegue al que nos interesa. Si por el contrario concluyéramos que la media de asistencia a espectáculos es baja, la lucha estaría en que el usuario diera el primer paso: decidirse por invertir su tiempo y dinero en un espectáculo. En este análisis habría también que definir el tipo de localidad de la que hablemos, ya que la mayor parte de la oferta cultural se concentra en las ciudades.

Según el anuario de estadísticas culturales de 2016, presentado por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, en 2015 se registraban 1.569 espacios escénicos en España: 3,4 por cada 100.000 habitantes. De estos espacios, casi tres cuartas partes son de titularidad pública.

No se puede generalizar en cuanto las artes escénicas, pues en los hábitos de consumo vemos diferencias muy marcadas: la asistencia al teatro ocupa un lugar favorable, con una media del 23,2 % y sin embargo en danza es del 7 % y en conciertos de música clásica del 8,6 %.

Otro punto sobre el que reflexionar es que las políticas de creación o desarrollo de públicos parten casi siempre de las administraciones. Hay consenso en que el acceso a la cultura mejora a las sociedades y por tanto es lógico que los Gobiernos inviertan y se esfuercen en esta tarea. Pero la cultura, además de hacernos más libres y mejores como individuos, supone aproximadamente el 4 % del PIB en España; se trata del objeto del sustento de un buen número de trabajadores y por tanto parecería lógico que los protagonistas de este sector tuvieran una mayor implicación en este desarrollo de públicos.

La mayoría de creadores son conscientes de que sus obras se dirigen a un público y que por tanto este destinatario debe formar parte de su obra desde el primer momento de la etapa creativa. Pero lo que quizá no se reflexiona tanto es que ese público es del que dependerá la sostenibilidad de la obra financieramente hablando. Y no solo directamente como el caso de las actuaciones a taquilla –cada vez más habituales- sino también ante sus otros compradores: programadores y administraciones, que no solo velarán por el interés artístico de la creación sino por la responsabilidad en la inversión y las perspectivas de retorno de esta.

Antes de embarcarse en lo que supone un enorme esfuerzo en todos los sentidos, es clave que los creadores y gestores culturales tengan herramientas adecuadas para el análisis del mercado al que se enfrentan. Una de ellas puede ser contar con un canal de comunicación directo con los espectadores, de manera que puedan palparse las sensaciones del público y cómo han percibido un determinado producto. Esta fue una de las motivaciones para crear ShowAdvisor y confiamos en que sea de utilidad para todos esos profesionales que luchan por vivir dignamente de su trabajo.